Qué hacer con un coche siniestrado

En mi pueblo, una pequeña localidad del sur España, todos nos conocemos, apenas seremos unos cuatro o cinco mil habitantes por lo que es difícil no reconocer una cara el domingo por la mañana en el mercado o en la plaza, también es cierto que no hay mucho turismo pero cuando llega un puente o un festivo o las vacaciones el pueblo se llena de gente que se marchó a trabajar a la gran ciudad, estos ya vienen acompañados de familia y amistades por lo que solemos duplicar la cantidad de personas en fechas señaladas.

El pueblo es un lugar único, en un paraje maravilloso de naturaleza viva que vuelve loco a todo el que la visita. En una era, un descampado de una colina hay un coche medio desguaces, y calculo que ese trasto debe de llevar allí como cien años, porque mi abuelo cuanta que cuando era joven ya estaba allí, un coche que se estropeó y nadie quiso hacerse responsable, ahora los niños juegan en el por qué lejos de convertirse en un vertedero se ha convertido en un lugar de reunión para los más jóvenes y lo que en principio debería de haber sido un coches siniestrado y acabar en un desguace, ha acabado siendo un lugar en el que los jóvenes nos reunimos a pasar la tarde, un lugar que se usa como punto de referencia, es fácil escuchar eso de ¿Dónde nos vemos? Y a alguien contestar ¡en el coche!

Creo que hace unos años hubo alguien que pidió al ayuntamiento que el coche fuese llevado a un lugar adecuado ya que allí lo que hacía era contaminar. El mecánico del pueblo se ofreció para retirar del vehículo todos los componentes que pudieran ser nocivos para el paraje, todo lo contaminante aunque después de tantos años ya pocos residuos le quedaban al coche. Y así todos contentos. Los que somos jóvenes lo vemos como nuestro lugar, nuestro punto de partida y sin duda alguna cuando seamos muy mayores y echemos la vista atrás recordaremos sin lugar a dudas el viejo coche en la colina, aquel cacharro que tantos momentos inolvidables nos hizo pasar y como el paso de los años ha ido haciendo de un lugar sin importancia, carente de toda belleza, un lugar maravilloso en el que pasar las tardes de domingo sin más propósito que el de pasarlo bien.

 

 

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